La imagen del Demonio


El Demonio o Satán del Cristianismo no nació de la noche a la mañana, completamente inventado desde los cuernos hasta el rabo. Antes bien, fue el resultado de una larga evolución, en donde diversos elementos se le fueron agregando hasta construir su imagen moderna. El Satán del Antiguo Testamento, de hecho, en su muy fugaz aparición como secundario en el Libro de Job, presenta características bastante distintas al Demonio como fuerza impulsora del Mal en el pensamiento cristiano.

Primero que nada, dentro del Judaísmo existe la creencia en criaturas demoníacas. Aunque religión monoteísta, el Judaísmo ha debido siempre contender con la afición popular a creer en muchas criaturas sobrenaturales, y ha tenido que contemporizar un poco. De hecho, Yahveh recorrió un largo camino hasta transformarse en el Dios Unico, el "Dios Celoso" de Moisés, pero una vez recorrido, no es demasiado difícil entender que los otros dioses hayan sido rebajados a la categoría de demonios. Porque profetas como Jeremías hablaban de los ídolos que tienen boca y no comen, que tienen oídos y no escuchan, que tienen ojos y no ven, etcétera, pero nada o no mucho decían de los demonios, ni de los ángeles, a pesar de que en el Génesis es claro que el Judaísmo primitivo sí los concebía como rondando por el mundo. Después del Cautiverio de Babilonia (587 a.C. a 538 a.C.), los judíos estuvieron en contacto con la religión del Imperio Caldeo, que sí creía en los demonios, politeístas como eran, y la creencia de los judíos en los demonios se revitalizó. El propio Jesucristo, sin ir demasiado lejos, más de alguna vez tuvo que curar a algún endemoniado...

Pero la imagen moderna del Demonio vino cuando el Cristianismo, tomándolo como personaje, le adjudicó características de otros personajes de la cultura grecorromana. Enemigo de los cultos de la naturaleza, el Cristianismo hizo todo lo posible por ridiculizarlos y, allí donde pudieron (o sea, en todas partes donde se extendió su férula), satanizarlos. Uno de los principales dioses grecorromanos de la naturaleza, por su carácter mistérico, era Pan. Este Pan tenía cuerpo de ser humano, pero caderas y patas de macho cabrío. Los cristianos entonces tomaron la imagen iconográfica de Pan, y lo asociaron al Demonio. También asociaron una serie de rituales pánicos (la actual palabra "pánico" deviene del dios Pan, precisamente), incluyendo el sacrificio de machos cabríos, al Demonio, y así ha quedado hasta ahora. Tomaron también la vocecita interior que ilumina e inspira a los filósofos, el "Daimon", y la asociaron con la voz de Satán perdiendo a los seres humanos, impidiéndoles sentir la voluntad de Dios en su corazón. Con lo que el Daimon pasó así a ser el actual Demonio, y fue también asociado a Satán.

Por medio de todas estas adiciones es que Satán, el antiguo ángel caído del Judaísmo, devino en el moderno Demonio. Aunque habrá que esperar hasta la iconografía medieval para que dichas características terminen de asentarse bien en el imaginario popular, desde donde no han salido en casi dos milenios completos.

Una vez mas, las costumbres locales y el imaginario popular al servicio de la religión (ni que decir de la navidad, corpus christi, procesiones y otras costumbres "cristianas").
Tomado de Siglos Curiosos

1 comentarios:

Bietka dijo...

Bonitos cuernos jijijiji..