
En las elecciones de 1980 Acción Popular, con Fernando Belaunde, obtuvo una mayoría de 42%. El APRA, sin Haya de la Torre, logró el 28%, un revés político muy serio. El PPC alcanzó un magro 11% y todos los grupos de izquierda sumaron el 16%. La escena política tenía algo de familiar. Belaunde era otra vez presidente pero sin la obstrucción del APRA en el Parlamento. Su reelección era también una suerte de reivindicación: los militares lo habían depuesto en 1968 y ahora le garantizaban su vuelta a la presidencia.
Belaunde se comportó como un político de la vieja escuela. Prometía el progreso mediante nuevas obras públicas, como complejos habitacionales y la Carretera Marginal. También proponía reducir el papel del estado en la economía, fortalecer la empresa privada y garantizar la inversión externa, especialmente en el tema petrolero. Sus ideas en favor del libre mercado le permitieron refinanciar la deuda y su gobierno parecía bien encaminado al fomentar la diversificación de las exportaciones.
Todo sin embargo era un espejismo. En 1981 el crecimiento del PBI fue de 3,1% pero en 1982 cayó a menos del 1% y en 1983 se desplomó un 12%. El descalabro se debió a razones externas y a los efectos devastadores del Fenómeno del Niño que provocaron inundaciones en la costa norte y sequías en la sierra sur. El manejo económico ahora se hizo con criterios de emergencia. Se tuvo que volver a negociar la deuda externa y el régimen entró en un escenario de ingobernabilidad. La situación se agravó, además, por el surgimiento del terrorismo. Sendero Luminoso, movimiento maoísta surgido en los años 70, inició su guerra contra el estado desde la sierra de Ayacucho proponiendo una utopía igualitaria. Asaltaba pueblos, asesinaba autoridades y mantenía un absoluto secreto acerca de su estructura interna. Tras lamentables titubeos, Belaunde ordenó una ofensiva militar que dejó una peligrosa huella de represión brutal. SL no se amilanó y se extendió por otras provincias hasta Lima.
A pesar de que en 1984 hubo un repunte en el crecimiento económico, la inflación se reavivó: en 1985 llegó a un 130%. El país estaba descontento con la gestión de Belaunde. Con el terrorismo y la crisis económica a cuestas, el camino estaba allanado al APRA. Alan García, un líder joven con grandes habilidades retóricas, se presentaba como el gran salvador de la nación. En 1985 obtuvo el 46% de los votos y la izquierda, unida por vez primera, alcanzó el 22%. El APRA se hizo con el control del Parlamento lo que le permitió a García tener amplia base política. En castigo, Acción Popular casi desapareció del mapa electoral.
García defraudó todas las expectativas. En un inicio, su populismo lo empujó a elevar los salarios, recortar algunos impuestos y los tipos de interés, congelar los precios, ofrecer crédito agrícola y devaluar la moneda. Al aumentar la demanda su equipo económico esperaba reactivar la industria. Esto no sucedió. El gobierno no se dio cuenta que se enfrentaba a una economía mundial demasiado hostil. Además, García desafió a los acreedores extranjeros al incumplir con los pagos de la deuda y el Fondo Monetario Internacional expulsó al país del sistema financiero mundial.
Hacia 1987, la economía estaba resentida. García intentó nacionalizar la banca y multiplicó su descrédito. SL seguía en auge: las matanzas de campesinos en la sierra y los apagones en Lima demostraban la fuerza del terrorismo, ahora alimentado por la acción de otro movimiento subversivo, el MRTA. La población estaba agotada: 20 mil muertos y pérdidas materiales difíciles de calcular. Como si esto fuera poco el PBI se desplomó y la hiperinflación alcanzaba el 3.000%. El país se encontraba casi en bancarrota.
Notas sobre la vida cotidiana el Perú.- En 1980, cuando acababa de morir el historiador Jorge Basadre y se establecía la televisión a color, el Perú retornaba a la democracia. Había mucha expectativa en que el país podía mejorar al enmendarse los errores del régimen militar de los 70. Nada ocurrió pues la aparición del terrorismo y factores como el Fenómeno del Niño y la abultada deuda externa dejada por los militares impidieron el despegue.
Fue una decepción el tener que vivir no solo sin mucho dinero en el bolsillo sino también bajo el terror de un coche bomba, un apagón por la voladura de alguna torre de alta tensión o leyendo la noticia de una matanza de campesinos en la sierra. Así pasamos los ochenta: viendo cómo el terrorismo avanzaba, cómo los políticos se desprestigiaban y cómo miles de peruanos abandonaban el país en busca de mejores horizontes.
Quizá las dos visitas del Papa (1985 y 1988) o la medalla de plata en las Olimpiadas de Seúl (1988) conquistada por nuestro equipo femenino de vóley atemperaron los ánimos. Sí, se equipo, liderado por Cecilia Tait, Gaby Pérez del Solar y Natalia Málaga, logró la mayor hazaña deportiva nacional. Asimismo, en los ochenta, se puso de moda ver películas de Francisco Lombardi; bailar el rock en español; ir de campamento a las playas del sur; ir a fiestas con grupo electrógeno; ver los programas cómicos como Risas y Salsa; ir a comprar a Polvos Azules y a otros mercadillos de informales; cambiar dólares en la calle; llegar temprano a la casa por el toque de queda; aprender algún programa de computación; escuchar música digital gracias al disco compacto; ir a los pubs de Barranco; o gastar de acuerdo a la inflación. A finales de los ochenta, los precios subían día a adía y la inflación llegó a 7 mil por ciento y el tipo de cambio se duplicaba en un mes. Todo un desastre que fue corregido por el tremendo fujishok en 1990.
La “chicha”, fenómeno musical de los setenta y los ochenta.- "…surgen géneros nuevos que hibridan culturas. De ellos, la chicha, cumbia peruana o guraracha andina, es el más importante y ha llegado a ser el segundo ritmo musical popular, después de la salsa, desde su nacimiento en 1968. Es una fusión musical de la cumbia colombiana, la guaracha cubana y el huayno serrano, tropicalizando la música andina y ejecutándolo con instrumental electrónico (guitarra, batería y órgano). Es una creación urbana y actual de los barrios populosos y de las barriadas. Surge del patrimonio traído por el migrante andino, pero se arraiga en el residente ya antiguo y en las segundas y terceras generaciones urbanas. Es un ritmo de juventudes que homogeniza su estilo a nivel nacional y supera los regionalismos tradicionales del arte peruano. Un solo conjunto ha logrado vender, en tres años, algo más de un millón de disco del “Aguajal”, un huayno en ritmo de chicha. Los chichódromos y salsódromos, locales donde se baila y se vende legalmente cerveza y gaseosas, y drogas de modo ilegal, han terminado por ocupar para la segunda generación de nuevos limeños, el mismo nivel de importancia que tuvo, para la primera generación de migrantes, el coliseo folklórico de la década de mil novecientos sesenta… Desde el punto de vista de un indigenismo purista, la chicha puede significar un cierto empobrecimiento de la rica vertiente musical andina sometida al influjo de los medios modernos. Es, sin embargo, indudable que expresa un nuevo patrón cultural en ascenso. Su presencia y avance constituyen una muestra notable del peso que han llegado a tener los migrantes y la cultura que portan, en la decisión de la dinámica viva de la cultura metropolitana y en la formación de una conciencia nacional unitaria" (José Matos Mar).
Los apagones y Radio Mar.- La cobertura radial durante los años de los apagones y el terrorismo no la inicia, "Radioprogramas", sino "Radio Mar", una estación de música y entretenimiento popular. Una noche, allá por 1981, se produjo un gran apagón en Lima, que se extendió a una buena parte de la costa peruana (las estaciones radiales no tenían sistemas de generación eléctrica de emergencia; tampoco la emisora del Estado ni las del circuito privado, lo que con los días fue duramente censurado por la opinión pública porque bien podía tratarse de un terremoto o alguna otra emergencia). Lo cierto es que aquella noche de apagón terrorista sólo surgió una emisora de radio para intentar brindar información y tranquilidad a la población: "Radio Mar". En medio de un apagón, la emisora no tenía reportes ni recomendaciones sobre como actuar. Simplemente tuvieron operativo su generador eléctrico y las voces de Luis Delgado Aparicio y de Lucho Muro, con disco de risas para celebrar sus ocurrencias, que intentaron, a su modo, llevar tranquilidad a tantos y tantos millones en una Lima asustada, mientras las bombas sonaban por doquier. Cabe recordar que “Radio Mar" fue, por años, la emisora más escuchada de Lima, basada en la difusión de música salsa y programas populares, cuyo locutor estrella fue Román Gámez "El Ronco".
Continuara...
Belaunde se comportó como un político de la vieja escuela. Prometía el progreso mediante nuevas obras públicas, como complejos habitacionales y la Carretera Marginal. También proponía reducir el papel del estado en la economía, fortalecer la empresa privada y garantizar la inversión externa, especialmente en el tema petrolero. Sus ideas en favor del libre mercado le permitieron refinanciar la deuda y su gobierno parecía bien encaminado al fomentar la diversificación de las exportaciones.
Todo sin embargo era un espejismo. En 1981 el crecimiento del PBI fue de 3,1% pero en 1982 cayó a menos del 1% y en 1983 se desplomó un 12%. El descalabro se debió a razones externas y a los efectos devastadores del Fenómeno del Niño que provocaron inundaciones en la costa norte y sequías en la sierra sur. El manejo económico ahora se hizo con criterios de emergencia. Se tuvo que volver a negociar la deuda externa y el régimen entró en un escenario de ingobernabilidad. La situación se agravó, además, por el surgimiento del terrorismo. Sendero Luminoso, movimiento maoísta surgido en los años 70, inició su guerra contra el estado desde la sierra de Ayacucho proponiendo una utopía igualitaria. Asaltaba pueblos, asesinaba autoridades y mantenía un absoluto secreto acerca de su estructura interna. Tras lamentables titubeos, Belaunde ordenó una ofensiva militar que dejó una peligrosa huella de represión brutal. SL no se amilanó y se extendió por otras provincias hasta Lima.
A pesar de que en 1984 hubo un repunte en el crecimiento económico, la inflación se reavivó: en 1985 llegó a un 130%. El país estaba descontento con la gestión de Belaunde. Con el terrorismo y la crisis económica a cuestas, el camino estaba allanado al APRA. Alan García, un líder joven con grandes habilidades retóricas, se presentaba como el gran salvador de la nación. En 1985 obtuvo el 46% de los votos y la izquierda, unida por vez primera, alcanzó el 22%. El APRA se hizo con el control del Parlamento lo que le permitió a García tener amplia base política. En castigo, Acción Popular casi desapareció del mapa electoral.
García defraudó todas las expectativas. En un inicio, su populismo lo empujó a elevar los salarios, recortar algunos impuestos y los tipos de interés, congelar los precios, ofrecer crédito agrícola y devaluar la moneda. Al aumentar la demanda su equipo económico esperaba reactivar la industria. Esto no sucedió. El gobierno no se dio cuenta que se enfrentaba a una economía mundial demasiado hostil. Además, García desafió a los acreedores extranjeros al incumplir con los pagos de la deuda y el Fondo Monetario Internacional expulsó al país del sistema financiero mundial.
Hacia 1987, la economía estaba resentida. García intentó nacionalizar la banca y multiplicó su descrédito. SL seguía en auge: las matanzas de campesinos en la sierra y los apagones en Lima demostraban la fuerza del terrorismo, ahora alimentado por la acción de otro movimiento subversivo, el MRTA. La población estaba agotada: 20 mil muertos y pérdidas materiales difíciles de calcular. Como si esto fuera poco el PBI se desplomó y la hiperinflación alcanzaba el 3.000%. El país se encontraba casi en bancarrota.
Notas sobre la vida cotidiana el Perú.- En 1980, cuando acababa de morir el historiador Jorge Basadre y se establecía la televisión a color, el Perú retornaba a la democracia. Había mucha expectativa en que el país podía mejorar al enmendarse los errores del régimen militar de los 70. Nada ocurrió pues la aparición del terrorismo y factores como el Fenómeno del Niño y la abultada deuda externa dejada por los militares impidieron el despegue.
Fue una decepción el tener que vivir no solo sin mucho dinero en el bolsillo sino también bajo el terror de un coche bomba, un apagón por la voladura de alguna torre de alta tensión o leyendo la noticia de una matanza de campesinos en la sierra. Así pasamos los ochenta: viendo cómo el terrorismo avanzaba, cómo los políticos se desprestigiaban y cómo miles de peruanos abandonaban el país en busca de mejores horizontes.
Quizá las dos visitas del Papa (1985 y 1988) o la medalla de plata en las Olimpiadas de Seúl (1988) conquistada por nuestro equipo femenino de vóley atemperaron los ánimos. Sí, se equipo, liderado por Cecilia Tait, Gaby Pérez del Solar y Natalia Málaga, logró la mayor hazaña deportiva nacional. Asimismo, en los ochenta, se puso de moda ver películas de Francisco Lombardi; bailar el rock en español; ir de campamento a las playas del sur; ir a fiestas con grupo electrógeno; ver los programas cómicos como Risas y Salsa; ir a comprar a Polvos Azules y a otros mercadillos de informales; cambiar dólares en la calle; llegar temprano a la casa por el toque de queda; aprender algún programa de computación; escuchar música digital gracias al disco compacto; ir a los pubs de Barranco; o gastar de acuerdo a la inflación. A finales de los ochenta, los precios subían día a adía y la inflación llegó a 7 mil por ciento y el tipo de cambio se duplicaba en un mes. Todo un desastre que fue corregido por el tremendo fujishok en 1990.
La “chicha”, fenómeno musical de los setenta y los ochenta.- "…surgen géneros nuevos que hibridan culturas. De ellos, la chicha, cumbia peruana o guraracha andina, es el más importante y ha llegado a ser el segundo ritmo musical popular, después de la salsa, desde su nacimiento en 1968. Es una fusión musical de la cumbia colombiana, la guaracha cubana y el huayno serrano, tropicalizando la música andina y ejecutándolo con instrumental electrónico (guitarra, batería y órgano). Es una creación urbana y actual de los barrios populosos y de las barriadas. Surge del patrimonio traído por el migrante andino, pero se arraiga en el residente ya antiguo y en las segundas y terceras generaciones urbanas. Es un ritmo de juventudes que homogeniza su estilo a nivel nacional y supera los regionalismos tradicionales del arte peruano. Un solo conjunto ha logrado vender, en tres años, algo más de un millón de disco del “Aguajal”, un huayno en ritmo de chicha. Los chichódromos y salsódromos, locales donde se baila y se vende legalmente cerveza y gaseosas, y drogas de modo ilegal, han terminado por ocupar para la segunda generación de nuevos limeños, el mismo nivel de importancia que tuvo, para la primera generación de migrantes, el coliseo folklórico de la década de mil novecientos sesenta… Desde el punto de vista de un indigenismo purista, la chicha puede significar un cierto empobrecimiento de la rica vertiente musical andina sometida al influjo de los medios modernos. Es, sin embargo, indudable que expresa un nuevo patrón cultural en ascenso. Su presencia y avance constituyen una muestra notable del peso que han llegado a tener los migrantes y la cultura que portan, en la decisión de la dinámica viva de la cultura metropolitana y en la formación de una conciencia nacional unitaria" (José Matos Mar).
Los apagones y Radio Mar.- La cobertura radial durante los años de los apagones y el terrorismo no la inicia, "Radioprogramas", sino "Radio Mar", una estación de música y entretenimiento popular. Una noche, allá por 1981, se produjo un gran apagón en Lima, que se extendió a una buena parte de la costa peruana (las estaciones radiales no tenían sistemas de generación eléctrica de emergencia; tampoco la emisora del Estado ni las del circuito privado, lo que con los días fue duramente censurado por la opinión pública porque bien podía tratarse de un terremoto o alguna otra emergencia). Lo cierto es que aquella noche de apagón terrorista sólo surgió una emisora de radio para intentar brindar información y tranquilidad a la población: "Radio Mar". En medio de un apagón, la emisora no tenía reportes ni recomendaciones sobre como actuar. Simplemente tuvieron operativo su generador eléctrico y las voces de Luis Delgado Aparicio y de Lucho Muro, con disco de risas para celebrar sus ocurrencias, que intentaron, a su modo, llevar tranquilidad a tantos y tantos millones en una Lima asustada, mientras las bombas sonaban por doquier. Cabe recordar que “Radio Mar" fue, por años, la emisora más escuchada de Lima, basada en la difusión de música salsa y programas populares, cuyo locutor estrella fue Román Gámez "El Ronco".
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